Jesús hace un llamado a sus elegidos y los discípulos responden. Les da
una misión, un poder, sanar todas clase de enfermedades y dolencias.
Jesús identifica a sus discípulos con sus nombres, discípulos que formaran
la primera comunidad, conformaran una familia, la familia de Dios. Discípulos
que representan a cada uno de los cristianos que han recibido el Bautismo, que
han creído y que alimentan su Fe.
Se enfrentaran con muchos desafíos, para algunos habrá felicidad, como
es el caso de los setenta y dos que al regresar están felices porque en el
nombre del Señor hasta los demonios se someten. (Lc. 10, 17-19). Y Jesús les
comenta que no deben estar felices porque los demonios se someten, sino porque
sus nombres están escritos en el cielo.
Jesús hace un llamado, una invitación, esto implica una actitud de disposición,
una iniciativa, un interés, un desprendimiento, una participación activa,
humilde, de servicio de parte de mía y de cada uno de mis hermanos en Cristo, para
realizar la misión.
Los desafíos para dar a conocer la Buena Noticia son exigentes. Pues nos
vemos enfrentados en la actualidad a nuevas creencias, la nueva era, la era
espacial, el despertar de conciencia, viviendo como si Dios no fuera una
realidad, en donde para nada se vislumbra la Fe en nuestro Señor Jesucristo y
el vivir una vida llena de espiritualidad.
Hoy vemos como desafortunadamente cuando entramos al templo en especial,
saludamos a unos cuantos, los demás no los conocemos, los hemos visto porque
asisten a la Eucaristía pero nada más, no sabemos quiénes son, que sienten, que
piensan, que les afecta, como viven, y no tenemos la disposición de saber más
de ellos, hacemos un paneo y nos dirigimos a donde se encuentran nuestros
familiares de sangre y nuestros amigo en común. Nuestra comunidad no es ni comparación
a la que formo Jesucristo en la que todos se conocían, compartían y vivían como
una verdadera comunidad, una verdadera familia.
Hoy Señor, se de mi responsabilidad en tu llamado, sé que debo imitarte
y entregarme en cuerpo y alma a mi vocación de discípula tuya, ayúdame a ser más
comunidad y menos grupo. Hoy y todos los días quiero ofrecerte cada
pensamiento, palabra y acción diaria como comunidad creyente dando respuesta a
tu llamado a ser tu discípula y misionera, dando testimonio a través de tu
gracia y que pueda yo llegar al necesitado iluminando su rostro del gozo,
esperanza, fe y amor que solo tú puedes dar.



