miércoles, 6 de julio de 2016

Evangelio según San Mateo 10, 1-7




Jesús hace un llamado a sus elegidos y los discípulos responden. Les da una misión, un poder, sanar todas clase de enfermedades y dolencias.

Jesús identifica a sus discípulos con sus nombres, discípulos que formaran la primera comunidad, conformaran una familia, la familia de Dios. Discípulos que representan a cada uno de los cristianos que han recibido el Bautismo, que han creído y que alimentan su Fe.

Se enfrentaran con muchos desafíos, para algunos habrá felicidad, como es el caso de los setenta y dos que al regresar están felices porque en el nombre del Señor hasta los demonios se someten. (Lc. 10, 17-19). Y Jesús les comenta que no deben estar felices porque los demonios se someten, sino porque sus nombres están escritos en el cielo.

Jesús hace un llamado, una invitación, esto implica una actitud de disposición, una iniciativa, un interés, un desprendimiento, una participación activa, humilde, de servicio de parte de mía y de cada uno de mis hermanos en Cristo, para realizar la misión.

Los desafíos para dar a conocer la Buena Noticia son exigentes. Pues nos vemos enfrentados en la actualidad a nuevas creencias, la nueva era, la era espacial, el despertar de conciencia, viviendo como si Dios no fuera una realidad, en donde para nada se vislumbra la Fe en nuestro Señor Jesucristo y el vivir una vida llena de espiritualidad.

Hoy vemos como desafortunadamente cuando entramos al templo en especial, saludamos a unos cuantos, los demás no los conocemos, los hemos visto porque asisten a la Eucaristía pero nada más, no sabemos quiénes son, que sienten, que piensan, que les afecta, como viven, y no tenemos la disposición de saber más de ellos, hacemos un paneo y nos dirigimos a donde se encuentran nuestros familiares de sangre y nuestros amigo en común. Nuestra comunidad no es ni comparación a la que formo Jesucristo en la que todos se conocían, compartían y vivían como una verdadera comunidad, una verdadera familia.

Hoy Señor, se de mi responsabilidad en tu llamado, sé que debo imitarte y entregarme en cuerpo y alma a mi vocación de discípula tuya, ayúdame a ser más comunidad y menos grupo. Hoy y todos los días quiero ofrecerte cada pensamiento, palabra y acción diaria como comunidad creyente dando respuesta a tu llamado a ser tu discípula y misionera, dando testimonio a través de tu gracia y que pueda yo llegar al necesitado iluminando su rostro del gozo, esperanza, fe y amor que solo tú puedes dar.
 

Discipulos La Encarnación del Señor

Author & Editor

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